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Conté y conté. Conté más de 300 veces al ritmo de mi respiración pero me fue imposible dormir. Volví a la lectura de Kerouac, una de estas noches los pequeños médicos calvos tal vez hagan su aparición.
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Las palabras sangran, es la única forma en que la presión se hace un poco más tolerable. Todo a mi alrededor presiona. El mundo, mi conciencia, mi memoria, mis sentimientos, todo se vuelve sofocante. Prisionero de mi mismo, soy mi cárcel ambulante. Cuando creo haber escapado me vuelvo a encontrar y a apresar.
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Pierdo una y otra vez porque no entiendo las reglas del juego, me niego a aceptarlas. Se que deberían ser de otra forma... ¿Por qué no? Porque no. Incapaz de conseguir lo que más quiero por mucho que lo busque; incapaz de hacer algo por mí porque no comprendo la utilidad de vivir sin eso, resignado e infeliz conciente por siempre. Es cierto, en este mundo soy un incapaz, así nací, no puedo luchar contra mi naturaleza.
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Las reglas las pone la mayoría y el poder de la mayoría las perpetua. Inútil la pretensión de felicidad del que nació diferente. A nadie importa... “Adaptate, seguí adelante, unítenos, si es lo más fácil.”
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”Comprá, comé, tomá, usá, probá, tené, votá...
”En la sociedad de consumo todo se consume, vos sos un producto y los productos no son sustancia, son ilusiones. No ofrezcas realidades, ofrecé imagen. La publicidad es mentira: mentí bien. El marketing es vacuidad: despojate de tu esencia. Vendete como corresponde o vas a quedar abandonado en un rincón. Es la ley del mercado, pero sos libre de elegir. Calavera no chilla...
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”El envase es lo que vende, el contenido es lo de menos! Tu pelito bien arreglado y a la moda, tu piel suave y libre de impurezas, tus dientes blancos y perfectamente alineados, tu cuerpo trabajado y de medidas exactas, tu look meticulosamente diseñado. Tu etiqueta, tu logotipo, tu marca.
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”¿Y qué ponemos adentro del envase? ¡Qué importa! Lo que interesa es que te lleven, que las góndolas se vacíen, que las registradoras vomiten kilómetros de tickets. Si total, para cuando abran el envase ya va a ser demasiado tarde...
”¿Llenarlo con valores, sentimientos, ideales, compromiso, conocimientos? Tiempo perdido, esfuerzo sin sentido. Hacelo, acordate que sos libre, pero cuando descuides lo que realmente importa y te quedes solo en el último anaquel, polvoriento y oscuro, vas a decir que tenía razón.
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La fuerza de la mayoría es grande, aprieta, sofoca. Es lógico que la mayoría de la minoría no pueda resistir. Pero, ¿y si no te queda otra que resisitir? ¿Y si sos prisionero de tu propia intransigencia? Condenado, juez y carcelero.
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Ya son casi las 5, pronto el calor del sol matutino llenará mi habitación haciendo palpable el aire. Soy un mal producto, lo sé, poco atractivo, poco vendedor. Un envase desprolijo, feo, mal diseñado. Cero publicidad, cero marketing. Un desastre condenado al fracaso.
¿La calidad del contenido...? ¿Acaso importa?