[...]
Ella sacó de la manga de su ropa una tablilla de barro, con alguna cosa escrita.
–¿Qué significa? –preguntó Elías.
–Es la palabra amor.
Elías mantuvo la tablilla en las manos, sin valor para preguntar por qué le había entregado aquello. En aquel pedazo de arcilla, unos cuantos trazos resumían la causa de que las estrellas continuaran en el cielo y los hombres caminaran por la tierra.
Hizo un gesto de intentar devolverla, pero ella lo rechazó.
–Lo escribí para ti. Conozco tu responsabilidad, sé que un día tendrás que partir y que te transformarás en un enemigo de mi país, ya que deseas aniquilar a Jezabel. Ese día es posible que yo esté a tu lado, dándote apoyo para que cumplas bien tu tarea, o puede ser que luche contra ti, porque la sangre de Jezabel es la sangre de mi país. Esta palabra que ahora tienes en tus manos está repleta de misterios. Nadie puede saber lo que ella despierta en el corazón de una mujer, ni siquiera los profetas que conversan con Dios.
–Conozco la palabra que escribiste –dijo Elías guardando la tablilla en un borde de su manto–. He luchado día y noche contra ella porque, aunque no sepa lo que ella despierta en el corazón de una mujer, sé lo que es capaz de hacer con un hombre. Tengo valor suficiente para enfrentar al rey de Israel, a la princesa de Sidón y al Consejo de Akbar, pero esta única palabra, amor, me causa un terror profundo. Antes de que tú la dibujaras en la tablilla, tus ojos ya la habían escrito en mi corazón.
Los dos quedaron en silencio. Estaban la muerte del asirio, el clima de tensión en la ciudad, el llamado del Señor que podía ocurrir en cualquier momento; pero la palabra que ella había escrito era más poderosa que todo. Y Elías extendió su mano y ella la tomó. Se quedaron así hasta que el sol se escondió detrás de la Quinta Montaña.
[...]
de "La quinta montaña", Paulo Coelho
lunes 27 de junio de 2005
Retazos (1)
viernes 24 de junio de 2005
The L Girl

Encontré a esta chica en una publicidad en la última Rolling Stone y simplemente no pude evitar dibujarla, es muy linda! ¿Alguien sabe cómo se llama? Aparentemente debe ser la protagonista de The L World. Yo no sé muy bien porque no tengo cable...
Bueno, creo que mi dibujo no le hace justicia pero igual espero que les guste.
martes 21 de junio de 2005
Buscando señales (I)
Considero que es una actividad mental bastante saludable detenerse, en algún momento de nuestras existencias, a pensar por qué estamos vivos. Por qué somos.
Hay quienes creen que ciertas cosas simplemente no tienen razón de ser, son y punto. No tiene mucho sentido tratar de ver más allá. Esto a veces es cierto, pero me parece que en otras vale la pena intentar escarbar más allá de la superficie. En última instancia hay que tratar de imponerse algún límite para evitar darle vueltas a una cuestión indefinidamente.
Hay algo que todos buscamos en la vida: ser “felices”. Ahora, es más que evidente que el concepto de felicidad es excesivamente subjetivo, varía según la cultura, la época, y, por supuesto, de persona a persona. Por lo tanto, no me caben dudas de que no existe una fórmula universal para obtener la felicidad. Más aún, creo que antes de seguir usando con tanta levedad esta palabra habría que tratar de definirla. ¿Qué es la felicidad? Me refiero a la felicidad despojada de su parte subjetiva, entendida como concepto abstracto. Creo haber tenido el privilegio de sentirme verdaderamente feliz en algún momento de mi vida, por lo que voy a intentar pintar con palabras lo que yo considero “felicidad”. Pienso que la felicidad es un sentimiento de total paz interior, es sentir que el mundo nos sonríe, que no podemos pedirle nada más a nuestras vidas. Somos felices cuando sentimos que no cambiaríamos nada en nuestras existencias. En resumidas cuentas, podemos decir que la felicidad es casi como un “punto de equilibrio” en nuestra vida, es esa situación en la cual nos quedaríamos por toda la eternidad, ese estado de cosas que deseamos no se modifique nunca.
Me da la impresión de que en nuestra cultura está muy instalada la idea de que la felicidad es un estado continuo. Uno ES feliz o no lo ES. Casi como ser pelado o no, ser soltero o no. Esto, en principio, no es completamente incorrecto. Lo que ocurre es que, como ya dije antes, lo que hace feliz a cada persona es muy distinto. Si a alguien lo hace feliz, digamos, tener hijos, entonces sí podemos concebir a la felicidad como un continuo. Pero si a otra persona la hace feliz leer un libro, la cosa es muy distinta. Por lo tanto, la felicidad será un sentimiento continuo o una sucesión de pequeños momentos dependiendo de lo que haga feliz al sujeto en cuestión.
Ahora, aparentemente alcanzar la felicidad es una tarea bastante complicada, a juzgar por la cantidad de gente que se siente insatisfecha con su vida, deprimida, desesperanzada. Toda esa gente que perdió la razón de vivir. Se acusa a la sociedad de reprimirnos, de condicionarnos de contagiarnos de su enfermedad. Se dice que se han perdido todos los valores, que no existe la honestidad y que no es posible vivir en paz con el mundo porque sino te pasan por encima. Es decir, se pinta un mundo decadente, en donde es casi imposible encontrar esa paz interior que todos buscamos. Pero todo esto, ¿es tan así?
Hay quienes creen que ciertas cosas simplemente no tienen razón de ser, son y punto. No tiene mucho sentido tratar de ver más allá. Esto a veces es cierto, pero me parece que en otras vale la pena intentar escarbar más allá de la superficie. En última instancia hay que tratar de imponerse algún límite para evitar darle vueltas a una cuestión indefinidamente.
Hay algo que todos buscamos en la vida: ser “felices”. Ahora, es más que evidente que el concepto de felicidad es excesivamente subjetivo, varía según la cultura, la época, y, por supuesto, de persona a persona. Por lo tanto, no me caben dudas de que no existe una fórmula universal para obtener la felicidad. Más aún, creo que antes de seguir usando con tanta levedad esta palabra habría que tratar de definirla. ¿Qué es la felicidad? Me refiero a la felicidad despojada de su parte subjetiva, entendida como concepto abstracto. Creo haber tenido el privilegio de sentirme verdaderamente feliz en algún momento de mi vida, por lo que voy a intentar pintar con palabras lo que yo considero “felicidad”. Pienso que la felicidad es un sentimiento de total paz interior, es sentir que el mundo nos sonríe, que no podemos pedirle nada más a nuestras vidas. Somos felices cuando sentimos que no cambiaríamos nada en nuestras existencias. En resumidas cuentas, podemos decir que la felicidad es casi como un “punto de equilibrio” en nuestra vida, es esa situación en la cual nos quedaríamos por toda la eternidad, ese estado de cosas que deseamos no se modifique nunca.
Me da la impresión de que en nuestra cultura está muy instalada la idea de que la felicidad es un estado continuo. Uno ES feliz o no lo ES. Casi como ser pelado o no, ser soltero o no. Esto, en principio, no es completamente incorrecto. Lo que ocurre es que, como ya dije antes, lo que hace feliz a cada persona es muy distinto. Si a alguien lo hace feliz, digamos, tener hijos, entonces sí podemos concebir a la felicidad como un continuo. Pero si a otra persona la hace feliz leer un libro, la cosa es muy distinta. Por lo tanto, la felicidad será un sentimiento continuo o una sucesión de pequeños momentos dependiendo de lo que haga feliz al sujeto en cuestión.
Ahora, aparentemente alcanzar la felicidad es una tarea bastante complicada, a juzgar por la cantidad de gente que se siente insatisfecha con su vida, deprimida, desesperanzada. Toda esa gente que perdió la razón de vivir. Se acusa a la sociedad de reprimirnos, de condicionarnos de contagiarnos de su enfermedad. Se dice que se han perdido todos los valores, que no existe la honestidad y que no es posible vivir en paz con el mundo porque sino te pasan por encima. Es decir, se pinta un mundo decadente, en donde es casi imposible encontrar esa paz interior que todos buscamos. Pero todo esto, ¿es tan así?
viernes 17 de junio de 2005
Juicio a la cultura del descontrol
En pocos días se cumplirán seis meses de la tragedia de República Cromagnon, la peor catástrofre no natural de la historia argentina y uno de los accidentes en un local nocturno que más victimas se cobró a nivel mundial.Omar Chabán, administrador de Cromagnon y empresario histórico de la noche porteña; propietario de Cemento, otro reducto rockero que vió nacer a grandes íconos de la escena local, recibió el beneficio de la excarcelación y vive recluído en la casa de su madre, en San Martín. Allí, familiares y amigos de las doscientas víctimas expresan todo su repudio a quien ven como principal responsable de lo que ocurrió la noche del 30 de diciembre de 2004. El proceso en su contra sigue, pero gran parte de la sociedad ve en su excarcelación una injusticia difícil de tolerar.Raúl Villarreal, mano derecha y jefe de seguridad del local sigue detenido.La banda que se presentaba aquella noche, Callejeros, está también procesada por el delito de homicidio culposo con dolo eventual.También fueron procesados el manager y el jefe de seguridad de la banda y varios funcionarios del Gobierno de la Ciudad.Así las cosas, los argentinos seguimos conmocionados por lo que ocurrió en la última madrugada del año pasado.Los argentinos tenemos muchos defectos (y también algunas virtudes, por qué negarlo), pero uno de ellos, y uno muy peligroso, por cierto, es nuestra costumbre de esperar a que algo salga mal para darnos cuenta de la imprudencia, la irresponsabilidad y la corrupción que nos rodean. Somos como niños pequeños que vivimos en un constante estado de inociencia, creemos que nada nos va a pasar y caminamos por una angosta cornisa que amenaza con derrumbarse a nuestro paso. Y cuando pasa nos indignamos, nos horrorizamos y, con un poco de suerte, aprendemos la lección. No es una manera muy inteligente de avanzar, ¿no? Es cierto que hay que tratar de aprender de los propios errores, pero lo nuestro ya es casi patológico.Hay algo muy llamativo que, tal vez por la hipocresía de muchos periodistas, artistas y figuras del ambiente rockero nacional, no fue muy comentado en los medios. Y es que da un poco de vergüenza ajena escuchar a algunos artistas rasgarse las vestiduras cuando ellos mismos hicieron sus primeras armas en Cemento, de la mano de Chabán y, seguramente, dieron gran cantidad de recitales que no contaban con seguridad, ni control de las entradas vendidas, ni nada que se le parezca. Está perfecto que todos aprendamos un poco de lo que pasó y que, de aquí en más, tomemos los recaudos necesarios para que no se repita, pero creo que sería un sano ejercicio de madurez y sinceridad que cada uno de los integrantes de la escena del rock nacional hiciera un mea culpa. Porque, como dijo en el aire de su programa de radio Gustavo Olmedo, cada uno tendría que ir un poquito (unas horas, aunque sea) preso por Cromagnon.El mismo Olmedo pintó de cuerpo entero cómo se manejaba el ambiente antes de Cromagnon, al confesar que él organizó shows sin tener idea de la capacidad del lugar, de la seguridad del mismo, sin tener constancia de que contara con las habilitaciones necesarias.En todo recital de rock había pirotecnia, descontrol, alcohol. Todo esto formaba parte del folclore, al punto de permitirse locuras como la presencia de chicos de menos de once años (y hasta bebés) en los shows. ¿Pero esto era solamente culpa de los empresarios? Me parece que es bastante evidente que no. Quien permite que se cometan este tipo de irresponsabilidades en su local debe ser castigado, pero también hay que llamar la atención sobre quienes las cometen.Recordemos que quien inició el fuego en Cromagnon era parte del público.¿Era responsabilidad de Chabán mantener la seguridad en el local y evitar que se ingresara con elementos peligrosos? Ciertamente. ¿La banda no tenía un discurso claro en contra del uso de pirotecnia en un lugar cerrado? Es cierto. ¿El Estado miró hacia otro lado, por inoperancia o corrupción, y no hizo nada para evitar que se cometieran las infracciones que llevaron a la tragedia (falta de habilitaciones, sobreventa de entradas, falta de salidas de emergencia, revestimientos acústicos inflamables y tóxicos)? Claro que sí. Pero el público de rock (y entiéndase, el público DE ROCK, no el público de Callejeros que había asistido esa noche a Cromagnon) también tiene su parte de culpa en todo esto. Víctimas de la cultura del descontrol, nos dejamos llevar por la adrenalina del momento sin medir las consecuencias de nuestras acciones. Sin pensar que lo que hagamos puede provocar una tragedia, puede llevarse vidas inocentes, incluso la nuestra.La cornisa se deshizo bajo nuestro pies, y nos caímos. Ojala saquemos algo bueno del golpe y tomemos conciencia, porque las doscientas víctimas de Cromagnon reclaman justicia y la sociedad argentina necesita un cambio mental para evitar que la historia se repita.
lunes 13 de junio de 2005
La primera página de un cuaderno. Pero no de cualquier cuaderno, sino de uno en el que querés plasmar tus pensamientos, tus opiniones, tus locuras, tu filosofía. El primer artículo de un blog. Sí, otro blog más. Ya hay muchos y este solamente viene a engrosar aún más la lista, no tiene nada de especial ni pretende tenerlo. Y entonces, ¿para qué necesitamos que alguien inicie otro blog, otra serie de intrascendentes comentarios, otra parrafada de palabras que lo único que hacen es expresar la dudosa verdad de un simple mortal? La verdad es que no lo necesitamos. ¿Y qué?Internet comenzó como un desarrollo militar, una red de computadoras que permitiera al gobierno norteamericano descentralizar la información para de esa forma volverse menos vulnerable a ataques masivos de sus numerosos enemigos alrededor del mundo. Pero resultó tener un potencial demasiado grande como para ser ignorado pues permitía poner a disposición de cualquier afortunado con acceso a una terminal preparada para conectarse a la red una cantidad ilimitada de información multimedia, reforzada por el concepto de "hipertexto", es decir, artículos interactivos que podían conectarse entre sí para facilitar la navegación de los contenidos. El mundo académico obtenía así una herramienta de información invaluable. El secreto militar se convertía en "juguete" de un puñado de científicos del primer mundo.Pero nunca pasa mucho tiempo antes de que alguien encuentre la pata comercial de cualquier gran invento. La web permitía comunicación cuasi-instantánea con cualquier lugar del mundo, nacía el correo electrónico como alternativa al tradicional y más tarde la mensajería instantánea (de la mano del boom del ya perimido ICQ) nos ofrecía la increíble posibilidad de "hablar" en tiempo real, desde nuestra computadora, con alguien ubicado a miles de kilómetros de distancia, y todo por el precio de una llamada local a nuestro ISP.Nos vendieron internet como una fuente inagotable de información y entretenimiento cuando, digamos la verdad, aún no lo era. La información estaba desorganizada y atomizada, no existía ni una décima de los servicios a los que hoy estamos acostumbrados y las aplicaciones multimedia eran prácticamente nulas. Sin embargo, la internet del '97 tenía algo que hoy ya no existe.En los inicios de la web todo era más anárquico. Sí, es cierto, la red era muy inaccesible, era un lujo para unos pocos. Pero por esa misma razón constituía un limbo sin ley y sin control en donde cualquiera (que tuviera la suerte de poder conectarse) podía publicar sus opiniones, podía crear un espacio propio con su personalidad, sus intereses y su forma de pensar. Era un espacio en donde la popularidad no mandaba. En la TV, la radio o los medios gráficos sólo tiene cabida aquello que venda, aquello que se ajuste mejor a lo que "el consumidor busca" (algo realmente discutible: ¿los medios nos dan lo que queremos consumir o consumimos lo que los medios nos quieren dar?). Todo lo demás queda fuera, cae en un cono de sombra en el que se pierde y prácticamente deja de existir, víctima de la indiferencia de la "opinión pública" (concepto detestable, si los hay). Porque lo que no aparece en la tele no existe...Hoy es difícil expresar libremente tu opinión en Internet. Se convirtió en un medio totalmente comercial, movido por la omnipresente publicidad y, por ende, restringido sólo a aquello que es más popular.Pero para eso existen los blogs, porque hay gente que piensa y quiere mostrar lo que piensa. Y por supuesto hay gente que quiere saber qué piensan los demás, ya sea para poder encontrar a otras personas que piensan igual o para ejercitar el sentido crítico, abrir la mente a otros puntos de vista. ¡Blogger es una empresa! No nos está regalando nada, se tiene que financiar de alguna forma y, en ese sentido, es tan esclava de lo "mercantilizable" como Yahoo!, pero la diferencia radica en que apuestan a la creatividad y las ideas de los usuarios. Esa es su mercancía. Una combinación justa entre negocio y libertad de expresión.Por eso existe este blog, porque alguien, en algún lugar del mundo, tuvo ganas de expresarse, de mostrar lo que piensa y siente. Sin la intención de convencer a nadie, ni la pretensión de ofrecer una verdad revelada. No movido por la necesidad de reafirmar las propias convicciones a partir del apoyo de los demás, como quien sale en busca de un séquito.No, no me importa lo que opines sobre lo que publico en mi blog porque no busco que a vos te importe lo que digo en él. Sólo hago pública mi verdad, que es tan válida como la tuya o la de cualquiera. Sólo hago uso de la libertad de pensar y sentir como me plazca y gritarlo si eso me hace feliz.Ojalá muchas más personas lo hagan.
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